Somos lo que hacemos

Esta cita tan utilizada – casi para cualquier propósito – es de Aristóteles (filósofo comodín donde los haya, puesto que citarle vale para decir y contradecir casi todo aquello en lo que creemos). La cita completa es: ““Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia entonces no es un acto, sino un hábito”, como bien recuerda Xavier Marcet en su blog. Lo que me hace pensar si el motor último de estrenar este blog responde a mi búsqueda de la excelencia, al hábito de hacer blogs – he creado y mantenido media docena desde que empezaron en diversas plataformas -, o a la explicación más psicológica del anhelo de reconocimiento en tu grupo más inmediato. Porque, ¿queda algo que añadir a la hipermasificada blogosfera?

En los inicios del nuevo siglo 21, o fin del siglo 20 puesto que hablamos del año 2000, los blogs nacieron como una utilísima herramienta de intercambio de información precisamente entre todos aquellos que desde mediados de los años noventa estaban inmersos en la perfección y masifcación de Internet. Pero no fue hasta que un puñado de seres anónimos y no profesionales llegaron a la empresa Blogger como usuarios, para empezar a hablar de sus cosas, que el fenómeno se extendió. Hablar de lo divino y lo humano en (aparente) igualdad de condiciones que cualquier reputado columnista (al menos en su aspecto web) encendió la llama. Nació así una viaje forma de comunicación (llámese diario, bitácora o columna) hecha para todas las ocasiones e intenciones. Tengas miles de seguidores, usuarios únicos, fans o colegas, o meramente tus vecinos de escalera, si tienes algo que decir, un blog es tu sitio. Incluso si apenas tienes nada que decir…

Todo esto para reflexionar sobre el propósito de este blog que he llamado “La vida contemplativa“. Como profesional de la comunicación digital he ido observando la manera en que el contenido editorial, lo que leemos, y el valor del pensamiento han ido perdiendo terreno frente al contenido de consumo rápido (vídeo, foto, audio). Probablemente como consecuencia de los tiempos en los que vivimos, la hiperestimulación de mensajes en las pantallas que nos rodean (sobre todo móvil y ordenador) y tal vez una evolución a mejor de nuestros códigos de información. Aunque es posible que la progresiva extensión de tabletas y libros electrónicos recupere el placer de leer… pero en pantalla. Y lo interesante es que una gran parte de lo que se difunde en macro redes como Facebook y Twitter (ya nunca mencionamos a Myspace) es autobombo. Mira lo que hago. Soy lo que hago. Empujados por ese onanismo digital que ha presionado a todos para convertirnos/convertirse en creadores, héroes de YouTube, estrellas del tweet… En lo que he participado activamente: y aún sigo. Entonces, ¿por qué no recuperar el placer de hablar sobre lo que hacen los demás? Compartir con amigos y desconocidos aquello en lo que dedico la mayor parte de mi tiempo: contemplar la excelencia de los demás. No desde la obligación periodística o comercial en la que tantas veces tuve que escribir sobre discos, películas, tendencias (¡puaj!), productos o compañías. Sino desde la felicidad, el disfrute, la admiración hacia los que son porque lo hacen muy bien.

Contemplar la vida me parece un buen propósito para empezar este blog. Os espero.

Foto: AttributionNoncommercial Some rights reserved by robinhamman

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