D-recuerdos (y otras tapes)

La vida no es lo que se queda atrapado en las cintas de vídeo, pero un día te pones a revolver entre ellas y te devuelven un soplido de emociones. Y siempre hay una historia personal detrás. Una galería de fantasmas del pasado (cercano, no somos tan mayores), y para aquellos que intentamos hacer algo que se parezca al cine, una ristra de proyectos inacabados…

Como sigo en proceso de apertura y colocación de enseres en mi nueva casa, este fin de semana tocaba reordenar una enorme caja en la que había archivado numerosas cintas de vídeo en formatos que abarcan desde el Betacam SP hasta un contenedor bien desordenado de brutos en MiniDv, y decenas de grabaciones familiares.  Conecté mi vieja videocámara Sony al televisor y comenzó el desfile. Un recorrido que me llevaba por todo tipo de apuntes, ideas, fiestas, amores desvanecidos, numerosas entrevistas musicales a gente como Jerry Gonzalez, The Fringe, Anuar Brahem, Vienna Art Orchestra, Jazzanova, y aquellos que nunca lograron despertar la financiación necesaria para convertirse en documental. Será el Diógenes que llevo dentro, pero te pones a rebuscar entre tanto trazo pixelado y salta la magia… Y una preocupación.

Hubo una época en que reunirse entorno a una pantalla de proyección en Super8, o 16mm para los más privilegiados, era un momento de fantasía cinematográfica, de ritual (también de tostón para los que acumulaban horas de planos desenfocados de la familia en la playa y abriendo regalos de Navidad). Ahora se empiezan a organizar sesiones de esos recuerdos familiares, a veces desenterrados en los mercados de pulgas, por el eterno regreso nostálgico a los colores y formatos que alimentaron nuestra infancia. A la vez que los padres y madres del siglo 21 acumulan toneladas de fotografías y vídeos digitales en los discos duros de ordenadores que, por desgracia, muchas veces acaban desapareciendo con los cambios de teléfonos y la muerte súbita de la mayoría de nuestros equipos caseros. En resumen, ¿seremos la última generación con recuerdos enlatados?

Instintivamente me puse a peinar la red para asegurarme que tengo una videocámara de reserva con la que capturar algunas de estas cintas que prometen, como mínimo la emoción recordada, y quién sabe si una repesca documental. El resultado asusta: están desapareciendo, salvo por aquellas que sólo sirven para destripar componentes. Así que si sois de los que tienen un pequeño tesroro personal en miniDV, haced lo propio y cubriros. El píxel es bello.

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