Policía desalmada

CLicks antidisturbios
Pegar porrazos no es juego de niños – Foto: Miguel Angel Rolland

Hace un par de semanas decidí realizar una visita al trastero familiar con la idea de sacar a la luz uno de mis legados de la infancia: la extensa colección de Clicks de Famobil (ahora conocidos como Playmobil). La sana idea era poder compartir con mi hijo tresañero varias docenas de muñecos, accesorios, vehículos y temáticas variopintas (aunque temiéndome el peor final para esta plástica población, que había sobrevivido años de limbo subterráneo). Entre las sagas acumuladas en aquellos años de pasión fetichista, la colección más amplia que había cultivado era la de… Policía. Y no cualquier Policía, sino la de antidistubios, con su camión de arrestos, coche, varias motos, walkies, esposas, porras… Tal cual. Ahí tenemos a los grises de la España post-franquista, con su sonrisa inquietante, arrastrando por la moqueta familiar al que se pusiera de por medio…

Tengo que avisar que no procedo de una familia picoleto ni madero, aunque mi abuelo paterno fuera militar en el lado de los golpistas (de un señor que de niño me recordaba a mi abuela, por lo que encontrarle en los ellos eran aún más inquietante). Divago, para reflexionar que no he conseguido rescatar si aquella colección fue por petición expresa mía, por sugerencia familiar, o porque en aquellos años los niños veíamos tantos grises en la calle, noticias, donde fuera, que los habíamos alzado al altar fantasía de las profesiones,,, por encima de bomberos, médicos o vaqueros. En la actualidad, la colección de Playmobil plantea unos policías y ladrones más de nuestros tiempos (sin Fiscalía Anti-Corrupción, lo que es una lástima). Aunque una vista en detalle de su Cuartel de Policía muestra contundencia en los accesorios, tanto en porras como en otros cacharros…

El 25S me tocó vivir fuera de juego lo que iba a ser una jornada histórica, digan lo que digan los mentideros media. Cada uno somos producto y suma de nuestras circunstancias personales por lo que no voy a justificar mis motivos para no estar en la calle y en la protesta. Y puede que si hubiera estado completamente libre hubiera esquivado la primera línea de batalla. Ya no solamente por cobardía o sentido de autoprotección, sino por que me hiere profundamente verme envuelto en situaciones en las que no tengo toda la fe y construcción de valores necesaria para involucrarme. Crucé con nervios y preocupación toda la información que el llamado periodismo ciudadano iba compartiendo en Twitter, incluso me asomé a la retransmisión online que ofrecía El País, con algo que me recordaba extrañamente a los encierros de San Fermín. Cuando los hechos se agravaron, la tristeza y el estupor dominaron la rabia y los deseos de venganza. Aún más cuando al día siguiente íbamos descubriendo crónica a crónica, tweet a tweet, foto a foto el tamaño del zarpazo fascista personificado por nuestras Fuerzas de Caos y el Desorden: la policía.

El tamaño del desprecio profundo a los Derechos Constitucionales de los Españoles ejecutado por una gran parte (que no todos) de las fuerzas anti-disturbios, así como las torturas físicas y psíquicas que comienzan a salir a la luz, sumado a la tibieza repugnante con la que el Gobierno  ha mirado al otro lado, por no hablar de los vídeos en los que septuagenarios, madres, adolescentes, incluso héroes como el camarero Alberto Casillas (ayer víctima de un acoso y derribo de perros rabiosos) han sido pisoteados, me ha dejado con una enorme necesidad de arrebatarle los Playmobil a mi hijo y quemarlos en plano secuencia, para goce y disfrute de todos nosotros (que no se si es delito). Me ha hechotambién pensar en aquella frase de mi infantransicíon (“de gris o de marrón, un cabrón es un cabrón”). Me ha puesto en el cuerpo un grito ciudadano ya no de venganza sino de ERE constitucional: quitemos de en medio a esa chusma vil, vengativa, irresponsable, sanguinaria, becerril, anónima, mafiosa, mentirosa y consentida que se esconde tras los cascos, las porras, y el secreto. Quitemos de en medio esa Policía desalmada pagada por nosotros para (como dicen en Estados Unidos) “servir y proteger”. Porque quiero ver crecer a mi hijo en una sociedad en la que los polis malos y corruptos sean americanadas como CSI, Miami Vice, o Los Intocables. Porque quiero ver una policía que aguante lo que le toca: insultos, provocaciones, escupitajos e incluso golpes (no como en el ya famoso vídeo de más abajo, ejemplo de cómo no mantener el orden público).

Y no se confunda este texto con una llamada al ojo por ojo contra los que fallaron en lo que se exige de ellos en una jornada como el 25S: mantener el orden y proteger, tanto a ciudadanos como a instituciones. En el fondo, lo más difícil de gestionar como ciudadano es la pena y la derrota de unos tiempos en los que los matones han pasado de los patios de colegio a los uniformes de policía.

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