Gasland y los muertos vivientes

img_map_lgComo todos sabéis el cine de terror ha vuelto a nuestras vidas con más fuerza que nunca. En la cartelera, en tu parrilla de satélite o cable, en dvd, en descarga, desde hace unos años vivimos un despliegue insaciable de monstruos, asesinos, zombies, catástrofes, vísceras y muerte por doquier. Si hablas con un sociólogo te hablará del miedo ante la crisis y el desmoronamiento de algunos valores pilares del siglo XX, y si hablas con un cinéfilo avanzado te dirá que todo tiene que ver con el sentido del espectáculo y la impresionante mejoría de los efectos especiales que hoy pueden fabricar cualquier monstruo o terror imaginable. ¿Cualquiera? Parece que profesionales, comunicadores y el público estaban pasando por alto la infinita capacidad de la vida real para producir terror del bueno. Bienvenidos al documental de denuncia. Mejor aún: bienvenidos a la realidad.

Supongo que del mismo modo que existen espectadores enganchados al desvarío sin freno de algo como True Blood, la casquería platónica de The Walking Dead o el delirio lisérgico de American Horror Story, hay un público aún más retorcido que gusta de asomarse al verdadero placer snuff: las atrocidades sin límite que el ser humano hace con su propia especie y el planeta en el que vive. El cine de catástrofes elevado al summum: es real, está pasando. Por eso, si eres aficionado al género documental, cada sesión podrá trasladarte a terrores jamás pensados y que, en un giro escalofriante de trama, seguirán sucediendo en tu vida real cuando apagues el televisor. ¿Hitchcock y Lynch dando las noticias? Lo has pillado.

Pensemos por un momento en esta presentación: el monstruo es invisible, enorme y se hace cada vez más fuerte; ha poseído a las fuerzas del orden y los gobiernos, a tus vecinos, niños, animales, plantas; el héroe sabe la verdad y nadie le escucha; sus armas son un banjo y una máscara de gas; todo está rodado cámara en mano, a veces con pésima calidad con lo que no ves los detalles de lo que está pasando; la segunda parte es aún mejor que la primera.  No es una peli de Troma ni es una serie de tv: se llama La tierra del gas y como buena película de zombies ya sabemos que nadie está a salvo…

Me explico: todo esto viene a cuento del reciente estreno de Gasland Part II (8 de julio en HBO, en Estados Unidos), continuación del documental norteamericano Gasland. La película retoma exactamente donde dejaba la primera los miedos, denuncias, lucha y frustraciones de su protagonista. La epopeya de un ciudadano del campo de Pensilvania (mito del buen paleto) llamado Josh Fox, hijo de hippies (mito del buen rebelde) que un día se levanta con una carta que le ofrece 100,000 dólares si permite agujerear su inmenso terreno libre (mito del buen terrateniente) en busca de gas. Con la mosca en la oreja – todos sabemos que cuando te ofrecen mucha pasta por algo hay gato encerrado – agarra una cámara casera, llama a un par de colegas que saben de fotografía y montaje y esas cosas (mito del buen artista) y decide investigar delante de los objetivos de que va esto… y vaya que si se entera. Con la música y la letra del “This Land” de Pete Seger bien presentes – semilla musical donde las haya de la canción protesta ecológica, por si no lo sabían – el bueno de Josh llama a las empresas, toca las narices de funcionarios, políticos y operadoras de centralitas, se documenta cara a cara con científicos, profesores y vecinos de pueblos de nombres poéticos (mito de los buenos vaqueros) para acabar descubriendo el verdadero mito: el gas natural no va a salvar a su país de la dependencia del petróleo y lo va a acabar envenando y de paso destruyendo paisaje, personas y todo lo que se mueve por la faz de su tierra dorada. Él lo cuenta mucho mejor en este trailer:

En poco más de 90 minutos de imágenes desenfocadas, músicas populares, viajes en carretera, llamas telefónicas y encuentros con familias de numerosos estados, este director aficionado consigue arrancar verdades a zarpazos sobre una genuina conspiración de vampiros y zombies en la sombra que no solamente niegan las irrefutables pruebas de la contaminación masiva de los recuros acuíferos de prácticamente la totalidad de las excavaciones que se realizan para obtener gas natural, sino que van a seguir haciéndolo sino les paramos los pies entre todos. Porque tal y como se explica en la segunda parte, esto ya no es solamente un problema norteamericano (vean el mapa que ilustra este artículo), y solamente la fuerza del ciudadano podrá echar a los políticos y corporaciones “poseídos” del mal y defender la única vía posible: las energías limpias. Ah, pensaréis: estamos hablando de un iluso…

Hay que decir que más allá de los valores como documental de las dos partes, merecedoras de galardones en Sundance y una Nominación al Oscar en 2010, Gasland es ya un movimiento ciudadano organizado en el que a través de asociaciones de todo tipo se ha iniciado una protesta civil que ha llegado a Europa y empieza a obtener sus frutos. En la propia web de la película lo primero que uno se encuentra es una casilla de afiliación para ser parte de lo que se autodenomina “un movimiento para proteger nuestra democracia y el derecho a decidir sobre el futuro de nuestro país”. Una masa que tras el pase por televisión de la segunda parte, así como la gira de promoción internacional, suma ya un millón largo de personas pensantes. Una minucia si te detienes a observar el fuego cruzado que vienen recibiendo el director, la película y los argumentos exhibidos en el film, con publicaciones como Forbes liderando el fuego, cadenas de televisión como Fox o panfletos pseudo-documentales como Truthland. Acusaciones que han sido rebatidas en detalle incluso con piezas de realizacón especiales como “Gasland Science Matters” en el canal Vimeo de Josh Fox.

Permisos - No a la Fractura Hidráulica¿Un problema norteamericano?

Pues la verdad es que ya es un problema español, gracias a ese paladín de las energias fósiles y contaminantes que es José Manuel Soria, Ministro de Industria, Energía y Turismo. Porque a pesar de que el mapa de la película Gasland Parte II nos deja aparentemente fuera del problema, la fractura hidráulica o fracking ha llegado a España con apetito destructor. Por resumir un asunto que se explica en detalle en ambas películas este procedimiento de excavación inocuo – según las corporaciones explotadoras – básicamente inunda el subsuelo de químicos contaminantes que acaban penetrando el terreno y las reservas acuíferas de la zona, y por tanto llegando a nuestras casas con sólo abrir el grifo. Basta asomarse al mapa (ver izquierda) elaborado por la web Fractura Hidráulica No para entender la penetración que ha tenido esta plaga en nuestra tierra (y que el propio Josh Fox desconocía). Un mapa que bien pronto podría convertirse en una adaptación de los que se crean para The Walking Dead

¿Qué podemos hacer? Ante todo, informarnos. La primera parte de Gasland está disponible abiertamente en versión subtitulada aquí debajo, pero seguro que conoces maneras para poder visionar tanto ésta como la segunda parte, tal y como medio mundo está haciendo ahora mismo con la temporada final de Breaking Bad. Una vez pasadas esas tres horas de buen miedo (nada te impide comer palomitas como haces con otros terrores) pudes involucrarte, donar a la causa, o sencillamente compartir. Este no es un espacio de activismo, aunque la realidad lo demande, así que solamente me queda invitarte a seguir con este tipo de terrores reales. Verás que la realidad escribe tramas y monstruos que pondrían en el paro al mismísimo Stephen King.

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