The Square, el imparable latido de Egipto

Más allá de que la película documental The Square de la directora norteamericana Jehane Noujaim haya sido nominada al Oscar como Mejor Película Documental – en lo que ya se considera una victoria cantada, sobre todo tras el premio concedido en los premios DGA (Directors Guild Awards) – y de que suponga un paso más en una excelente carrera de pocos y excelentes trabajos (tanto StartUp.com como The Control Room son formidables) asomarse a esta película de no-ficción es un viaje emocionante e imprescindible para entender el latido de una revolución popular que no se hizo a golpe de tweets, sino como toda revolución: vertiendo sangre y lágrimas. Y aún continúa.

“Esto no es una revolución, es una guerra” dice Ahmed Hassan,  uno de los protagonistas de la película y uno de sus narradores en carne y hueso, en imágenes, en la lucha callejera que se vive desde hace tres años en la plaza Tahir de El Cairo. Su mirada, su sufrimiento, su entrega al latido democrático que Egipto resucitó en enero de 2011 te lleva sobrecogido junto a los otros protagonistas y forjadores del documental, quienes se encontraron – como la propia directora – en aquella plaza y no pudieron dejar de ver, compartir, empujar y sangrar con el viento de cambio que acabó superando el derrocamiento del dictador Hosni Mubarak para auparse con una voz común imparable, un eslogan que acompaña el film y gran parte de la comunicación del documental (desde que ganara el Premio del Público en el Festival de Sundance en enero de 2013): “el pueblo exige la caída del régimen”.

Porque mientras gran parte del mundo occidental se distraía hablando de Twitter (sin duda una herramienta utilísima, como lo fueron las video denuncias en YouTube), o se relamía aliviada confirmando sus peores prejuicios al ver la vuelta de tuerca que supuso la victoria de los Hermanos Musulmanes, los ciudadanos de Tahir (y en definitiva el mismo pueblo egipcio) luchaban vigorosamente con cada nuevo abuso y manipulación por mantener viva la llama que jamás lograrán apagar ni el fanatismo musulmán, ni el ejército o los políticos títere como Morsi: la conciencia de lucha por lo que es tuyo, el poder de decidir tu destino.

Nuestra arma es la cámara de vídeo

Mientras prácticamente cada día seguimos los avances dolorosos de esta transformación radical del reparto de poderes, el pulso encarnizado entre el Ejército y los ciudadanos, las trampas de tahúr con las que la vieja guardia desoyó la votación popular para cocinar una Constitución que no cambia casi nada, lo que vengo a compartir en este espacio es la extraordinaria película documental que ha logrado narrar casi de forma inmortal lo que los espectadores de pantallas tv y móviles nos perdimos. Por eso resulta imprescindible de visionar.

La historia salta, se cruza y escribe con un equipo de cámaras en mano de un puñado de personas encontradas en la plaza, tan diversas como el actor británico Khalid Abdalla (que llega a El Cairo para apoyar las movilizaciones y ya no logra marcharse), el miembro de los Hermanos Musulmanes Magdy Ashour (que pone voz y rostro a las contradicciones y lealtades de un movimiento que está a punto de pasar de víctimas a verdugos), el cantante Ramy Essam (que sea alza como la banda sonora y cronista musiscal de las protestas), la activista pro derechos humanos Ragia Omran, y la jovencísima realizadora Aida El Kashef, que planta su tienda de campaña en la plaza Tahir entre los primeros, y empieza a documentar todo lo que sucede. A los pocos minutos estás totalmente sumergido en la crónica apasionada de estas miradas, de sus vivencias íntimas, la organización in situ, los debates políticos, las tragedias… El cine verdad en su máxima expresión te ha colado dentro del movimiento sin necesidad de gafas 3D ni realidades aumentadas.

El documental no intenta construir un relato de voces equilibradas y apenas da testimonio a los militares o los políticos. Esta es una historia del pueblo, de su empoderamiento segundo a segundo, de sus victorias y errores en las decisiones tomadas a pie de calle, empapados de la inmensa responsabilidad de volcar un presente corrupto y mentiroso, para construir un futuro nuevo que de espacio a tantas ambiciones y sueños enterrados en un país milenario y por lo tanto ramificado en religiones, razas, culturas, anhelos que deben encontrar su sitio.

Noujaim ha explicado en varios encuentros – ver vídeo de más abajo – el proceso arrebatador que ha vivido al frente de un proyecto que acumuló más de 1200 horas de grabación, que tras presentarse en Sundance y ser premiado tuvo que continuar periplo porque la plaza de Tahir seguía hablando, en un camino que arrancó desde su mismo desconocimiento manejando cámaras digitales réflex y la ha llevado a emplear todas las herramientas actuales de colaboración, desde una campaña en Kickstarter a un acuerdo de exhibición online con Netflix (para Estados Unidos) o la plataforma de proyección por demanda Gathr, o el bombardeo callejero de plantillas de spray para lo que proporciona la descarga de stencils en la página web de la película.

The Square se merece los máximos honores en la entrega de los Oscars de este año, tal y como ha ido acumulando por diversos festivales, pero la película sigue prohibida en Egipto – donde circula en dvds entregados en mano y descargas digitales no oficiales -, pero es que además es uno de los trabajos más inspiradores y hermosos de cuantos se han hecho para recordarnos a quién pertenece el poder y quién dirige el destino de los seres humanos: el pueblo y nadie más que el pueblo.

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