¿Tontogratis o freelance? Cómo acabar con los abusos por cuenta propia.

¿Autónomo o autonomore? ¿Independiente o más-que-pendiente? ¿Por cuenta propia o por-cuento-ajeno? Jamás una relación laboral dio para tantos chistes crueles. Hasta el lenguaje se rebela y desde el inicio se ignoró cualquier referencia a la libertad implícita en el término original freelance. Pero es que ya no somos ni libres, ni propios ni desde luego independientes. Contrataciones en fraude de ley (falsos autónomos), condiciones económicas paupérrimas (por debajo de actividades similares por cuenta ajena), retrasos descomunales (ni a 90 ni a 120 días), son algunos de los escenarios más comunes de lo que la vieja escuela llamaba profesiones liberales. ¿Qué se puede hacer para darle una vuelta a este Armagedón? Aprender del Freelancers Union creado en EE.UU. hace diez años.

Como muchos de vosotros, de un tiempo a esta parte la mañana empieza mirando la cuenta bancaria. ¿Habrá llegado la trasferencia? ¿Me habré quedado en números rojos? ¿Alguna domiciliación sorpresa? Obviamente las trasferencias no llegan. Pasan los ya de por sí abusivos 90 días y llegas con facilidad a los 6 y 9 meses de morosidad. Si facturas cantidades importantes y no puedes deducir gastos te toca abonar la parte de IVA que forzosamente has recaudado para la Administración. Aunque no hayas cobrado. Súmale llamadas y correos en diferentes tonos, conciliadores, amenazantes, suplicantes, para que te paguen. Eso mientras algunos de esos mismos clientes te ofrecen más trabajos libres, sin liquidaciones parciales de la deuda. ¿Y qué pasa si tu cliente cierra o se declara en concurso de acreedores? Comentas el panorama con tus colegas de profesión, de sector, incluso de actividades bien alejadas de tu campo, y el escenario es sencillo. Se reduce a una palabra: trágala. Hay quienes hacen como si no les estuviera pasando: seguimos pensando que la apariencia de no tener problemas los repele. Pero la vida no es un libro de autoayuda. Muchos profesionales realizan actividades para un cliente único, de forma continuada – un falso autónomo -, sin un reconocimiento expreso de esa relación laboral (contrato de autónomo dependiente), y sin cobrar puntualmente sus trabajos. Se acumulan retrasos, impagos y obviamente abusos de trato por parte de empresarios que utilizan esta precariedad para financiar su pésima actividad, sus caprichos personales y su despotismo. ¿Fuerte? Aún más fuerte es ver cómo nadie comenta lo que le sucede, nadie advierte a la hora de trabajar con ese mismo cliente, y nadie toma acciones para defenderse y de paso defender al resto de la sociedad civil.

Conviene matizar términos. El autónomo no es necesariamente un freelancer. Numerosos autónomos de este país realizan actividades económicas en ese estatus legal al frente de sus empresas o comercios. No nos metan en el mismo saco. Los freelancers son todas aquellas personas a las que las organizaciones (empresas o no) y las personas llaman para desempeñar una labor profesional, sin contratarlas o integrarlas en su plantilla. Es decir, ahorrándose un montante de seguros sociales y como ya vemos una larga lista de responsabilidades. Teniendo en cuenta el abanico de contratos por cuenta ajena disponibles si no nos contratan es porque no quieren. Una minoría aplastante tiene una enorme lista de clientes que justifica su independencia, y por ende unas tarifas más ventajosas. Por muy bien que quede, si tienes pocos clientes y a final de año como mucho uno o dos, te la están dando con queso.

La unión hace la cuenta (propia)

Pero todos deberíamos de ser libres de operar y pactar la forma en la que queremos desempeñar nuestra profesión. Con unos mínimos intocables. Trasparencia, legalidad, responsabilidad. Casi nada de esto se está respetando. Las condiciones pactadas son oscuras y secretas, las leyes y los derechos se mandan debajo de la alfombra, y los pactos se traicionan sobre todo en el pago de los servicios prestados.

Ahora no penséis que voy a pedir el voto a favor de alguna organización política de cara a las Elecciones Europeas de este domingo. No he encontrado ninguna que recoja el compromiso de cambio o al menos diálogo para lo que, en España, supone una mayoría invisible y a veces sumergida. Todos estos pensamientos me han venido a la cabeza (aparte de la lucha empecinada que llevo cada día con mis clientes morosos y cara duras) al descubrir una iniciativa norteamericana que lleva la friolera de diez años en activo. Se trata del Freelancers Union, o lo que podríamos llamar el Sindicato de Freelancers (insisto: los autónomos son otra cosa). Ideada y puesta en marcha por Sara Horowitz tras otra década de estudios se trata de un sindicato de nueva era (adscrita al New Mutualism) que deja de lado la política de clase, se administra con gran presencia colaborativa (aúna ya más de 230 mil miembros) y ofrece soluciones prácticas. Aparte de descuentos en servicios y la posibilidad de contratar a través del sindicato los seguros médicos y de jubilación, han diseñado dos herramientas sencillas y contundentes para autoregular las relaciones de los trabajadores independientes con sus clientes.

El Contract Creator es un formulario online que recoge en seis pasos la información esencial para que las dos partes (freelance y cliente) colaboren positivamente de principio a fin, con trasparencia y responsabilidad. Incorpora los datos básicos que identifican las partes, el contenido del trabajo a desempeñar (detallando objetivos, términos de satisfacción, plazos, etc), las condiciones de pago (tarifa, gastos extras, etc), el régimen de arbitraje al que se acogería y el acuerdo de resolución del contrato. El documento resultante se firmaría por ambas partes y creedme, no es papeleo sino sentido común.

Una vez finalizada la tarea y extinguida la contratación se ofrece una herramienta de valoración denominada Client Scorecard. Es un ranking de clientes en el que, aparte de reseñar de manera visible e identificada la relación profesional con la organización contratante, se crea una tabla reputacional basada en cinco cuestiones:

– si hubo acuerdo por escrito,
– si se pagó a completo y a tiempo,
– si hubo una descripción clara del trabajo a realizar,
– si hubo una comunicación clara y en tiempo sobre las preguntas y dudas del freelance,
– si se pagó en línea o por encima de las tarifas de mercado.

Os invito a explorar en detalle esta organización y reflexionar sobre una pregunta: ¿A que estamos esperando para unirnos y poner en marcha una organización independiente, fuerte y de sentido común como la Freelancers Union? Seguiremos quejándonos frente a las barras de los bares, sometidos por nuestra dependencia y fragilidad, ¿o aprenderemos de esta magnífica idea para dejar de ser tontogratis?

Espero vuestros comentarios aquí debajo o en @migangelrolland

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