Ibiza, gente corriente

 

Leo con estupor estos días que la isla de Ibiza va a ser (de nuevo) salvada. No me refiero a la cancelación de las prospecciones de petróleo, el cierre de la mafia de los chiringuitos ilegales de playa o que David Guetta haya sido declarado persona non grata en la isla y no puede volver a timar a la gente con sus sesiones pre-grabadas. Nada de eso está pasando, por desgracia. La salvación de la isla pitiusa (dicen) será de la mano de los ricos y famosos. Efectivamente, si te acaba de salir una pedorreta mezclada con carcajada de espanto es que sabes de lo que hablamos.

Desde que la isla de Ibiza dejó de tirar piedras a los extranjeros barbudos que luego aprendieron a llamar hippies, todo ha sido un encadenar de reclamos turísticos. El adlib en los 70, el People From Ibiza en los 80, la invasión británica del discotequeo empastillado de los 90, y ahora parece que el famoseo de lujo. Mientras tanto, masas de turistas y familias han seguido observando con estupor todo aquello mientras lo esencial iba empeorando: las vacaciones de playa y mar. Que le vamos a hacer: una cadena de avaricias y sagas político-familiares nos han traído hasta aquí, y todo pinta que nos seguiremos llevando las manos a la cabeza por el abandono salvaje del tesoro natural que, por encima de todo, es Eivissa. Último episodio: el campeonato mundial de carreras acuáticas de Class 1.

La estrategia del lujo parece sumar adeptos tanto en la isla como fuera de ella. Tras casi tres décadas de sobre-explotación de Ibiza como la mayor discoteca de verano del mundo, con un negocio dominado por los promotores extranjeros y ejecutado por propietarios españoles, la marca necesitaba aires nuevos. Se había tocado techo en la pelea por el más barato, el todo incluido y la fiesta loca (aunque honestamente salir de clubs en Ibiza es un pastizal). Los años pasan y los fiesteros iniciales han ido dejando sitio a otros que pasan del lado glamuroso y sólo buscan marchote del bueno. Incluso aquellos que tuvimos la suerte de vivir el llamado Second Summer Of Love en 1988, inicio del furor de la cultura rave británica y la explosión mundial del espíritu de los clubs Amnesia y Space, ahora volvemos en código familiar. Jugar a reconocer nombres en los carteles de los clubs es un chequeo del estado de tu conocimiento musical. Intentar participar en alguna salida es un ritual que en la mayoría de los casos decepciona. Al final, esto es un Las Vegas de la escena club, con apenas sitio para propuestas inteligentes, underground o innovadoras. Tanto los costes de producción como los beneficios marean en su baile de cifras y ceros. Te guste o no te guste, Ibiza sigue siendo sinónimo de fiesta.

Tanto el revulsivo que ha supuesto Ushuaia – en cuanto a negocio, porque su menú musical es ramplón y masivo – o la fotocopia para pijos llamada Pacha Destino, siguen bebiendo del dj y el bailoteo. También lo han hecho sitios como Blu Marlin, refugio de medio ricachones y aspirantes con servicio de lancha directo a la pista de Cala Jondal, o el reputado restaurante-cabaret El Lío (que tras los trapecios acaba abriendo sitio al DJ). Pero aparece la clave inmobiliaria: se abren nuevos hoteles que se salen del circuito charter con precios no aptos para familias – caso del ME Ibiza, que puede salirte hasta 2500€ por noche -. Y el pelotazo de los alquileres de las villas, que se reorientan a los famosos como Puff Daddy (que paga 90000€ semana por su casoplón) y acaban dándose una vuelta por el puerto, Formentera y los clubes. Para enriquecer la marca Ibiza.

¿Dónde quedamos todos los demás? Mirando, porque esto es lo que tiene la cultura del famoseo y el lujo. Si no lo tienes, estás mirando. Dicen las celebridades que lo que les gusta de Ibiza es que la gente les ve, les reconoce pero no se ponen pesados. En la playa, en Marina, en el chiringuito, no hay asaltos ni escenas raras. Si acaso alguna foto para presumir con los amigos… Dicen los negociantes de la isla que la opción deluxe trae más dinero, más empleo, y todo mejor. Pero no cuela. En los años dorados de la fiesta clubber de la Ibiza noventera se cedió control y poder tanto al capital extranjero como los especuladores locales: arrasaron. La isla ha tenido que aumentar recursos con obras de impacto y coste elevado, como la autovía, el aeropuerto (un millón doscientos mil pasajeros sólo en agosto) y el mismo puerto de Ibiza. Apenas se ha hecho nada para proteger bosques y playas. El Parque Natural de Las Salinas cede la explotación de sus aparcamientos a manos privadas, los chiringuitos han crecido y construido sin control. Las playas están sucias y desatendidas, los fondos marinos arrasados, la construcción ilegal sigue avanzando. Este verano leía con espanto que la única dotación que tiene la Guardia Civil para la vigilancia costera de Ibiza y Formentera es una lancha y dos agentes. Sus competencias van desde el contrabando, el fondeo de embarcaciones a la protección de la costa y los fondos marinos.

Es comprensible que cuando los apetitos se han acostumbrado a grandes comilonas, tras un breve régimen, te acabas lanzando a un comer desaforado. Algo me dice que este amor de la isla y algunos empresarios por el lujo es un nuevo pelotazo disfrazado de apuesta de calidad. La gente corriente – no me refiero a los vándalos que siguen llegando atraídos por unos días de techno, drogas y sexo (si queda tiempo) – sigue generando la mayor parte de empleo y oportunidades tanto para los más de 140 mil habitantes como para los que vienen a trabajar la temporada. El turismo corriente tiene derecho a un trato de calidad y respeto. Las familias van pagando cada vez más y se encuentran un litoral masificado y descontrolado, un tesoro natural desprotegido, un trato envilecido por contrataciones de personal con salarios abusivos, una fractura cada vez mayor entre un lujo intangible y un mar y paisajes que nos pertenecen a todos, en derechos y responsabilidades. Los políticos y los empresarios van a mirar hacia otro lado, así que nos va a tocar a los ciudadanos vigilar y exigir que ese turismo de lujo genere de una vez por todas una isla hermosa y protegida.

¿Tú que piensas?

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