Ciudadano Oscar

citizen oscarHay cineastas que pretenden salvar el mundo pero hay historias que lo transforman todo, incluso el arte cinematográfico (que al final es solamente un tema minoritario). La noche de los Oscars de Hollywood no es una noche de transformación, cambio, revolución, innovación o ni siquiera de celebración del trabajo bien hecho. Es un espectáculo televisivo que eleva lo superficial y la fama a una mezcla de competición deportiva y barbacoa del pensamiento fácil. Ese puñado de películas no son las mejores del año, y las finalistas no compiten por un talento extraordinario, como bien saben los supuestos ganadores y perdedores de la noche. El azar y el impulso caprichoso de los votantes (en su mayoría actores, no nos olvidemos) reduce el espectáculo idiota de discursos y bromas a una verdad: cuando el premio es justo bienvenido sea, y cuando no lo es olvidemos pronto. Y si la entrega de estatuillas de anoche tuvo un héroe y vencedor absoluto no es esa historia de egos y problemillas burgueses llamada Birdman, sino la crónica del mayor justiciero que hemos vivido en esta parte del siglo XXI. Un ciudadano llamado Edward Snowden que bajo el alias Citizen Four desencadenó el mayor zarpazo que un David haya asestado al Goliat multitentacular de los Estados Unidos del Espionaje.

La película documental ganadora del Oscar en la edición 87 de estos premios tan envejecidos es mucho más que un premio. Tal y como ha explicado su directora Laura Poitras, comprometida creadora que con su trilogía sobre la Norteamérica posterior al 11S ha firmado uno de los trabajos más sólidos del cine documental de los últimos tiempos, esta historia nació porque vino a buscarla. Nunca estuvo en su mente hacer una película en la que ella misma fuera un personaje, en la que el impacto de lo que iba documentando transformaba la misma realidad de la que iba hablando, y que al final rompió irreversiblemente las vidas de los que participaban y el mecanismo de poder que denunciaba. Tal y como se construye en el puzzle de entrevistas que ordena el dominó de revelaciones que sacudieron al mundo desde una habitación de hotel en Hong Kong, nada volvería a ser igual para ninguno de los héroes y antihéroes de esta historia real. Sobre todo, nada volverá a ser igual para los ingenuos ciudadanos del planeta Internet y su derecho a la privacidad. Pero es que además Citizen Four es una excelente narración cinematográfica, un thriller de la vida real que recuerda a los momentos más oscuros de Todos los hombres del Presidente, las pesadillas políticas de Costa Gavras y los entresijos legales de John Grisham. Una orfebrería de historias cruzadas, localizaciones, pruebas documentales, giros en la trama y cámaras observacionales que no se ahorra ni siquiera un final enigmático y escalofriante que aún no ha dicho su última palabra.

Como sucede muy a menudo con el menor cine documental Citizen Four no ha sido estrenado en las salas comerciales españolas *, y desconozco si el motivo tiene que ver con los (a veces) elevados costes de distribución de los documentales más exitosos. Muchos aficionados han tenido que recurrir a enlaces de visionado pirata como éste para poder verla (sin el apoyo más que necesario de subtítulos), o esperar pacientemente a su inminente estreno local (ya que la película inició su recorrido en salas en el mes de octubre pasado, tras un fastuoso recorrido por festivales). Pero allá donde se puede ver el efecto inmediato en la audiencia (salvo los que no participan de su fascinación y carga explosiva) es un despertar, no sólo a la verdad, la rabia, la necesidad de acción. Sino también al poder ciudadano, la inexcusable responsabilidad de todos como vigilantes del poder que ha llegado a extremos como los que obligaron a este caballero sin espada llamado Snowden  a sacrificarse por el bien de todos. Porque este tipo normalucho con pinta de bicho enganchado a las maquinitas decidió sacrificar una existencia fácil, una vida ordenada de bienes materiales en compañía de su seres más queridos,  a cambio de exponer la mayor maquinaria de vigilancia global creada para someter a las voces críticas de unos gobiernos corrompidos por sus acciones y deseo de venganza. Como si fuera una adaptación a nuestro mundo del viaje del héroe Neo (el mesías de la saga Matrix) este pequeño gran hombre lo sacrifica todo a cambio de la verdad. ¿Exageraciones?

Cada aparición de Snowden en el documental, incluso las transcripciones de chat encriptado, remiten a ficciones como Matrix, pero el uso de una banda sonora inquietante que mantiene un zumbido electrónico largo no da lugar a concesiones efectistas. Cada incorporación de personas a esa habitación de hotel, desde el co-autor del trabajo periodístico Glenn Greenwald, hasta el abogado que organiza la salida de Snowden con el apoyo de Julian Assange y WikiLeaks, funciona como un mecanismo de relojería narrativa. Cada expresión de Snowden tensa al espectador, como los minutos en los que comienza a sonar la alarma de incendios en el hotel y nadie quiere poner boca al pensamiento de que les hayan localizado. Y cuando el film cede su tiempo a los títulos de crédito, poblados de colaboradores y esforzados aliados en todas las fases de la investigación y creación del documental, necesitamos pensar y repensar lo que hemos visto porque sabemos que no hay ni un instante de trampa.

Entiendo que no se debe comparar el sofisticado artificio del entretenimiento en que se ha convertido el cine norteamericano de creadores como Wes Anderson o Iñarritu, con el arrojo individual y formal que muestran trabajos documentales como Citizen Four.  Comprendo que es difícil elegir una pesadilla real como la que nos desvela Laura Poitras para una sesión de fin de semana en el cine de nuestra ciudad, o en la pantalla de casa. Pero si me preguntan, un día como hoy, a todos y a todas les diré que mis superhéroes son personas como Snowden y periodistas como Greenwald y Poitras, dispuestos a jugarse algo más que las palomitas para que sigamos siendo libres.

* posteriormente, la película se ha estrenado en España el 27 de marzo.

*** Para explorar aún más sobre Citizen Four os recomiendo la conversación auspiciada por The New York Times el 13 de febrero pasado, disponible en este enlace.

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