Toro de la Vega, punto final

Cada movimiento de transformación y libertades, cada ciclo de genuino progreso humano forja sus símbolos. Es indudable que en España la tortura y muerte de animales en espectáculos de pago y en fiestas patronales está extendida por todo su territorio. Cuando las estimaciones hablan de 16 mil fiestas y 60 mil animales torturados y ejecutados anualmente, resulta que comienzan a aflorar datos que aumentan esas estimaciones. Pero el desfase de violencia y sangre en el que pueblos y ciudades de todos los tamaños pretenden proteger como tradición ha llegado a su fin, porque una marea de ciudadanos asqueados y comprometidos ha sumado fuerzas de una vez por todas. Es la hora del punto final y no hay sitio para la ambivalencia. La sociedad española ha dado un paso firme para la abolición de los festejos de crueldad animal y las corridas de toros.

Este fin de semana, y a lo largo de todo este mes de septiembre, cientos de miles de personas de todo el mundo han alzado la voz para acabar con el Toro de la Vega, eliminar las fiestas de crueldad y sangre, borrar definitivamente las corridas de toros y los espectáculos de tortura animal. Las redes sociales de personas y organizaciones han hervido con la denuncia y el horror de un acto salvaje y embrutecido defendido por un puñado de habitantes de una localidad insignificante de un país en descrédito. Tordesillas es un pueblo insignificante ante la responsabilidad compartida de millones de españoles y no españoles que sienten como propia la protección de los animales. No les corresponde a estos seres violentos y criminales decidir sobre un juego de muerte e impunidad porque sus tierras, sus actos, sus decisiones no pueden burlarse del orden moral y civil del resto del planeta. Sus palos, sus lanzas, sus gritos, sus insultos, sus agresiones, su asesinato en masa de un animal indefenso, son un escupitajo al resto del mundo civilizado. Un desprecio que ha sido consentido por ciudadanos, instituciones, fuerzas del orden y políticos por un error muy habitual en nuestra Historia común: pensar que el tiempo lo acaba por arreglar todo. Sin embargo ni se ha olvidado ni se ha perdonado. No hacer nada nos ha hecho más cómplices a todos y más salvajes a los defensores de este crimen organizado.

España es un país en descrédito porque los Toros y nuestros excesos con los animales nos representan como una sociedad anárquica, embrutecida e irresponsable. Los actos inmorales, los crímenes, la inhumanidad reduce la debacle a un dilema muy sencillo. Si no condenas, apoyas. Del mismo modo que si no condenas la violencia machista, la apoyas, si no condenas el racismo lo apoyas, si no condenas la Ley Mordaza la apoyas, si no condenas la pederastia la apoyas, si no condenas la venta de armas la apoyas. El silencio no equivale nada más que un apoyo cobarde. Así lo ha entendido una masa inteligente, emocional, firme y comprometida que ha unido su voz y sus manos al trabajo incansable de organizaciones españolas e internacionales que vienen pidiendo a cada Gobierno nacional, regional y local que cesen y persigan crímenes contra la Humanidad como el Toro de la Vega.

El rostro de una sola voz

Este sábado pasado, 12 de septiembre de 2015, estuve presente en la concentración y marcha de protesta convocada por Pacma en la Puerta del Sol de Madrid. La asistencia masiva, estimada por los convocantes en más de 90 mil personas, ha confirmado el creciente apoyo que la causa animalista cosecha en nuestro país. O más bien la visibilidad de un sentido común que andaba adormecido por los ladridos de los violentos. La abolición del Toro de la Vega es y debe ser el principio de una ola de extinción de todas las fiestas y tradiciones de tortura y muerte animal, corridas de toros incluidas.

Tras un año de rodaje con Santa Fiesta en el que a menudo tuve que compartir escasos metros de suelo con las huestes criminales que defienden sus actos de violencia contra toros, caballos, burros, patos, gansos o ratas, ha sido emocionante desfilar con seres humanos y personas dignas de compartir un planeta y un tiempo histórico de los valores y de la libertad.

Los nuestros y los de quienes no pueden hablar. Porque en estos días de debate político emponzoñado de oportunismo en los que cada día escuchamos un manoseo dialéctico en aras del Derecho a Decidir, me quedo con el Derecho de los que no pueden decidir, los Animales. En todos los frentes, pobreza, guerra, marginación, abuso, desigualdad, dentro y fuera de unas fronteras políticas en las que no creo, pero respeto. No dejemos que un grupo de violentos retrate nuestra sociedad con algo como el Toro de la Vega. Si no somos como ellos, hay que elevar la voz. Ha empezado el final de una historia atroz que da los últimos pasos ante el Punto Final. Rompesuelas será el último y nuestros hijos crecerán en una sociedad donde no matamos y despiezamos por diversión.

 

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