Tyke, la forajida

Fue secuestrada cuando era poco más que un bebé en su Mozambique natal. Trasladada a Estados Unidos la obligaron a bailar, hacer piruetas, tirarse por el suelo, lo que fuera con tal de entretener a miles de bárbaros espectadores. Recluida con muchos esclavos como ella pasaba 22 horas diarias encadenada y recibía castigos durísimos si no hacía lo que se le pedía. Durante treinta años obedeció, pero conservó su corazón rebelde. Hasta que apartaron de su lado a la única persona que la entendía. No aguantó más y huyó en plena actuación circense en Hawaii, llevándose por delante a todo el que pretendiera pararla. La acorralaron en una calle de Honolulu y tuvieron que dispararle 87 veces para acabar con su vida. Se llamaba Tyke y era una elefanta de 31 años.

Esta brutal historia podría ser el argumento de una huida criminal en el más puro estilo de Sam Peckinpah, quién hubiera destrozado nuestros juicios morales con una larga secuencia final ralentizada en la que acabáramos viviendo en carne propia cada uno de los tiros mortales de la protagonista. Pero Tyke era un animal. Una elefanta: uno de los seres más inteligentes, de mayor complejidad sensorial y emocional. De hecho es el único ser vivo, junto con los seres humanos, que desarrolla clanes familiares grandes con intenso apego entre parientes (no solamente con sus crías). Esta crónica de sucesos tuvo lugar en 1994 y es bien conocida entre los círculos animalistas más enterados, pero el año pasado fue recuperada por un magnífico documental australiano llamado Tyke Elephant Outlaw (Tyke Elefante Forajido), estrenado este lunes en el excelente Sundance Channel (Movistar+). Es un reportaje detallado que pone voz a quienes conocieron de cerca el suceso pero sobre todo retrata el recorrido vital de este animal esclavo, hasta su muerte violenta en las calles de Honolulu. Escarbando más allá del desastroso incidente que causó la muerte del elefante, una vida humana y numerosos heridos – perfectamente documentado con imágenes grabadas por videocámaras aficionadas y noticieros locales -. Poniendo rostro y nombre a las empresas esclavistas que como Hawthorn Corp (secuestradora y explotadora de Tyke) llevan décadas torturando y encarcelando a todo tipo de animales de origen salvaje para ser utilizados en circos,  para entretener a seres humanos insensibles. Confrontando la responsabilidad de todos – gobernantes, gobernados, empresas y clientes – en la continuación de una actividad cruel y repugnante como es la doma y empleo de animales en espectáculos circenses. Basta escuchar a una de las entrevistadas en el documental, ex-trabajadora de Hawthorn al cuidado de los elefantes, confesando que cuando muera está convencida de que acabará en el Infierno por todo el daño que causaron a los elefantes.

Una vez más, como ya sucediera con los documentales Blackfish y The Cove, asistimos al demoledor retrato de una humanidad insensible, cruel, violenta, egoísta frente a su escamoteada responsabilidad con los habitantes mayoritarios de este planeta, sí, nuestros hermanos animales.

La rabia y la tristeza se apoderan de ti ante la narración detallada del sufrimiento de los injustos habitantes de zoológicos y acuarios. Pero no hay impotencia. Porque esta lucha ya no es solamente una excentricidad espiritual de cuatro iluminados, defensores de los Derechos Animales. En Tyke se nos muestran las técnicas mafiosas de las corporaciones esclavistas, infiltrando espías en los grupos activistas para derrotarles desde dentro, desviando fondos para políticos corruptos que bloquean legislaciones abolicionistas, pero al mismo tiempo se habla de victorias. Porque a pesar de no lograr una ley que prohibiera los espectáculos con animales en Hawaii nunca más volvieron a contratarse. A pesar de las nostalgias de domadores y cuidadores de la época dorada de circos como Ringling Bros, el uso de elefantes y animales salvajes está desapareciendo. Florecen santuarios como la organización estadounidense PAWS (Performing Animal Welfare Society) que desde 1984 acoge animales víctimas del comercio y explotación inhumanos. Lugar en el que Tyke hubiera podido descansar y morir en paz, en un espacio abierto que aún no siendo su África natal  habría consentido otro final para su existencia. Y esta lucha sigue muy abierta en España.

La historia de la Liberación Animal está plagada de mártires y héroes como Tyke. A menudo somos débiles, incluso ignorantes, y nos negamos a conocer estas historias, ver películas como ésta. Apartar la mirada, pretender que no existe nos convierte en seres aún más ruines y despreciables. Si no quieres verlo, lo apoyas, lo consientes, eres complice. no me canso de explicar lo sencillo de esta ecuación. Nuestras ciudades, nuestros pueblos, siguen abriendo las puertas a circos y espectáculos que usan y maltratan animales para nuestro mal entendido entretenimiento. Pero esto va a acabar muy pronto. Estoy convencido de que nuestros hijos e hijas vivirán en un mundo sin esclavos animales.

>Hablamos, compartimos @migangelrolland

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