La sinrazón del ser taurino

No debería sorprenderme a estas alturas que la ignorancia y el salvajismo se disfracen de razón para preservar su impunidad. Del mismo modo que el fascismo de nuevo cuño usa la Democracia en Alemania o en España para pillar poder en las instituciones, enfermedades sociales como la tauromaquia se defienden empleando lo que siempre despreciaron: la protesta en las calles. Les digo como aquella famosa columna de Juan José Millás: Bienvenidos.

Venimos leyendo y escuchando desde hace ya tiempo que esa minoría social identificada por su afición a los toros (en corrida, en festejo, en lo que sea siempre y cuando haya tortura y muerte animal) se siente acorralada y perseguida. Pobrecitos. No contentos con unas cifras que demuestran la desbandada general incluso entre ellos mismos (un 51% menos de público sólo en 2014), no satisfechos con el descomunal apoyo en subvenciones públicas directas e indirectas (que superan los 500 millones de Euros entre fondos españoles y europeos), haciendo oídos sordos al clamor popular expresado por la ciudadanía votando gobiernos que no quieren sangre ni muerte en fiestas, plazas y calles, ahora descubren su alma política para gritar libertad, justicia y ley. El retrato ha sido trasparente: pocos y sin argumentos. En su propio lenguaje han visto el pañuelo blanco para su raquítica faena.

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Encuesta online realizada ayer por el periódico Levante.

Cuenta uno de sus voceros oficiales, el cronista Antonio Lorca del desfallecido El País, en una columna publicada ayer con el título de El toreo se tira al ruedo que “el mundo del toro ha decidido salir … de las cobardes trincheras para defender en voz alta la tauromaquia”. La ocasión es la manifestación anémica convocada  ayer  en Valencia por la Unión Taurina con el lema dieciochesco de “Los toros, Cultura, Raíces y Libertad de un pueblo”. En un texto plagado de automatismos ideológicos, escritura pobre y ganas de acabar rápido el encargo de los patronos termina por tropezar con asuntos de alta ignorancia y problemas serios de inteligencia (herramientas imprescindibles para escribir y opinar desde la tribuna). Le respondo en tres párrafos.

El ataque no viene Señor Llorca de “movimientos sociales y políticos” sino de la ciudadanía que es, en Democracia, quién decide precisamente eso que usted describe como “legal”. A veces la Ley puede amparar el privilegio o el engaño, por despiste, o hasta que se denuncia. Porque es engaño e ilegal utilizar toros en corridas y festejos cuando la concesión extendida y mayoritaria de subvenciones europeas ganaderas prohíbe su empleo en espectáculos y eventos que les torturen y maten. Por eso, para seguir hablando de legalidad dejen de engañar y robar fondos ganaderos que luego arropan de Cultura.

La fiesta de los toros no acabará como usted dice “el día que el público, cansado de aburrimiento, abandone definitivamente las plazas”. Acabará cuando la ciudadanía arroje el puñetazo final a una tradición (es decir, repetición) que culturalmente ha secuestrado las gentes en su aspecto estético, pero que aparta y repugna a todos los que se asoman de verdad a su salvaje escenografía de tortura y masacre. Son ustedes, aficionados, más que una secta: son una masa enferma que nos avergüenza dentro y fuera de España. El último vestigio de una clase viciada, bárbara y tránsfuga que identifica pose con pertenencia. Pero es que además no pertenece a sus espectadores decidir autónomamente si siguen o no. La decisión nos pertenece a todos.

Se tropieza y cae usted de morros cuando se atreve a promulgar los valores de su adicción. Hay que ser decididamente ignorante, insensible y desalmado para proclamar una frase como ésta: “El toro muere en la plaza porque es su razón de ser; la misma que lleva a la gallina a hacer un buen caldo.” La razón de ser de los animales no es su muerte en espectáculos idiotas ni aderezar los caldos de las gentes. La razón de los animales es su mera existencia en libertad y respeto. Del mismo modo que los ignorantes, aunque sea su razón de ser, no merecen la tortura, la muerte o el guiso a fuego lento. En este mundo hay y debe haber opinión, justicia, libertad, arte, belleza excepto si para ello es imprescindible explotar, torturar y matar. Un acto social, cultural, o grupal que se afirma y saca pecho a través de esos valores no pertenece a la sociedad que España quiere en este Siglo 21. Ya lo saben y es hora de que lo identifiquen, acepten su error y pidan perdón.

Gentes de la tauromaquia: estamos dispuestos a escucharles y perdonar su ignorancia sangrienta, porque esa es la grandeza del Ser Humano. Mientras tanto, en las plazas, en los encierros, en sus festejos, siguen siendo unos cobardes, vayan vestidos de luces o de paisano. Exhiban pancartas o no. Hay sitio para su disensión, protesta y diálogo. Pero les toca obedecer lo que la sociedad les pide: dejen de divertirse matando.

>Hablamos, compartimos @migangelrolland

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4 comentarios en “La sinrazón del ser taurino

  1. Bueno, si estamos de acuerdo en que no está bien hacer daño a los demás animales por placer o diversión, entonces no sólo deberíamos rechazar la tauromaquia sino también los mataderos y el consumo de animales en general, en tanto que todo esto es innecesario y supone causar sufrimiento a los animales por mero placer o costumbre.

  2. Pues claro, por eso cada día somos más veganos, más antiespecistas. Me parece que no está ud muy al día sr Tovar

    1. Anneta: Creo que tu observación es improcedente. El hecho de que aparentemente cada vez haya más veganos no tiene que ver con lo que yo expongo en mi comentario. Lo que yo señalo es que la razón moral que justifica condenar la tauromaquia habría de aplicarse, por coherencia, al resto de la explotación animal. Sin embargo, en el artículo sobre el que estamos comentando no se menciona siquiera esta conexión. Además, que yo sepa, los antitaurinos en su mayoría no son veganos. De hecho, algunos rechazan explícitamente el veganismo. Por tanto, no están asumiendo ese razonamiento. Así que quizás eres tú quien no está al día de lo sucede.

  3. Reblogueó esto en cultura y libertady comentado:
    “El toro muere en la plaza porque es su razón de ser; la misma que lleva a la gallina a hacer un buen caldo.” Dicho esto… sólo desear su pronta desaparición, taurinos, pronta no, meteórica.

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