Solos, muertos y revendidos

Las palabras suenan huecas. Las donaciones se quedan pequeñas. Las manifestaciones y concentraciones se multiplican y surgen incluso simultáneas en tu propia ciudad. La culpa se hace asfixiante. Siempre se puede hacer más. Mucho más. Las comunidades sociales se pueblan de héroes anónimos que suman tiempo y músculo a contribuir en el terreno. Telediarios, emisoras de radio, medios escritos y electrónicos dan vueltas y más vueltas sobre infinitas historias personales, a veces sin pudor alguno en la caza del rédito instrumental. Las organizaciones no gubernamentales te asaltan en cualquier esquina pidiendo limosna, apoyo, ayuda. Y al final, los únicos que pueden acabar de un mazazo con tanto dolor sacan la chequera y resuelven. Queda subcontratada Turquía para resolver el Servicio de Limpieza y Transporte de Refugiados. La gente de Europa llora, sus perros guardianes sonríen resoplando.

Foto:  NurPhoto/REX/Shutterstock 

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