Bienvenido al Supercine

Desde que en el mes de julio del año pasado puse en marcha el taller abierto de Supercine no he parado de compartir, conversar (co-aprendiendo) acompañado de cineastas en busca de otra manera de producir cine: en libertad. Partiendo del conocimiento adquirido con Santa Fiesta, así como años vendiendo mi talento a las marcas a través de contenidos editoriales, audiovisuales y planificando sus comunidades digitales, se trataba de plantar la semilla de una idea más amplia.

Nadie podrá impedir que hagas realidad tu película si la conviertes en algo más poderoso que un producto de compraventa. 

Jugar a las reglas del mercado puede parecer la única forma de hacer cine hasta que observamos todo con un poco de distancia. Gastos fijos de actividad y oficina, viajes, tiempos de gestión y espera interminables, burocracia, falsedades, subvenciones con trampa dentro, fragilidad y altas probabilidades de no ser capaz tan siquiera de construir tu historia. Mucho peor si tu idea creativa necesita de unos recursos de producción altos o medios. Pero, ¿y si lo que necesitas es crear con lo mínimo imprescindible? ¿No tenemos el mejor acceso de la Historia de Cine a los medios tecnológicos? Imaginaros la que habrían liado los easy riders y toros salvajes del cine rebelde norteamericano de los años setenta con esta disponibilidad…

En la última edición del festival de Sitges tuve la oportunidad de asistir a una charla magistral de Paul Schrader en la que pude lanzarle varias preguntas, y en una de ellas se trataba de destripar lo que pasa hoy con las Escuelas de Cine, el bloqueo que según Kiarostami se generaba en los estudiantes al arrojarles el tremebundo legado del cine antes de ponerse a contar sus películas. Según Schrader, en su generación sólo había tres motivos para ir a una escuela cinematográfica: “ver películas, acceder a los equipos de filmación y crearte una red de contactos”. Hoy sin embargo sólo sirven para lo último:

 

Tras haber aconsejado campañas de crowdfunding, después de haber llevado a buen término la que hicimos para Santa Fiesta, he querido devolver a la comunidad lo que me ha dado con la herramienta más poderosa que existe: el conocimiento. Destripando y ampliando juntos el mecanismo del juguete donde más le duele: su esclavizaje al sistema. Porque ya no es cierto que no puedes hacer cine si no es con sus despachos, con su dominio. Tu poder es otro más deseado: el público. Esa masa a la que a menudo se desprecia como algo idiota, manejable, sin rostro, se ha transformado en un agente facilitador antes, durante y después de un proyecto de cine genuinamente independiente.

A falta de un término más humano que no lleve lo de “masa” como etiqueta he decidido llamar esta revolución constructiva Supercine. Una palabra fácil para la historia de amor más deseada de todos los tiempos, la de los creadores y su público. Un relato de libertad para que los cineastas luchen por las historias que quieren construir y de liberación para los espectadores que pasan de ser consumidores a co-productores, comunicadores y socios de aquello que más aman: el cine.

Ya sea en los talleres, en los encuentros, las proyecciones y en otras actividades que van a surgir bajo ese nombre queremos estar unidos. Escuchando, compartiendo, sumando talentos van a surgir historias valientes, emocionantes, fuertes, haciendo realidad lo que intuíamos: el cine es todo lo que te atrevas que sea. 

Te invito a sumarte, conectar, conversar: bienvenido al Supercine.

Más información: hola@supercine.xyz

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s