El pasado 22 de mayo presenté en Madrid mi primera novela: “I8I”. Leído como “ciento ochenta y uno”, que son los días que vive el protagonista aislado y en un proceso de caída a los infiernos, personal y colectivos. Es, además de un número, un símbolo con varias lecturas y algunos secretos. El propio libro físico, en papel, plantea dos portadas y dos caminos distintos pero complementarios. Todo para ofreceros una historia llena de las cosas que más me gustan: misterio, romance, sexo, música, algo de crimen, un poco de violencia y un sazonado de metaliteratura. Os cuento más en las próximas líneas.
Hace justo cuatro años, en plena pandemia – primera vuelta – de Covid-19, empecé la escritura de algo que no tenía propósito alguno. Se trataba de ficcionar un diario de pandemia, pero ya en la siguiente casilla a la que estábamos viviendo. Un desastre futuro de dimensión global, una destrucción humana sin precedente. Jugando al puro “what if” me puse a imaginar cómo sería el diario de un tipo bastante asocial, interesado sólo en sus placeres y sus mujeres, que de repente tendría que enfrentarse sí mismo, sus mentiras, sus trampas y su desmoronamiento mental.

Supongo que por influencia del cine, del proceso de montaje, los días de ese diario funcionaban como secuencias, y su creación surgió con saltos de fechas, lugares, acciones. Frente a la monotonía casera, durante el confinamiento observábamos la tragedia en diferido en los telediarios, la prensa digital, las fotografías y vídeos… Esa dualidad alimentó el recorrido de mi personaje, el pulso entre el mundo interior y el mundo exterior. Un tipo narcisista, solitario, que pasa de una amable contemplación a una horrorizada realidad que le va encerrando poco a poco, en una espiral de misterio y también crimen. Una crónica que va a sufrir una alteración en su relato, con pérdidas y distorsiones, y que al verse obligado a recolocar dará pie a una historia complementaria a la primera ficción que se plantea. ¿Complicado? Para nada: el resultado es casi un guion cinematográfico, de escritura ligera, casi como una novelita pulp, de bolsillo, de quiosco, incluso de usar y tirar. Con algunos zarpazos, eso sí. Sinceramente: es un libro que me leería con mucho gusto. Quizás no tantas veces como me ha tocado hacer…
Un libro es sobre todo algo físico
Desde los primeros días del mes pasado tengo en mis manos los ejemplares de la primera edición de esta novela, que se ha publicado en Editorial Círculo Rojo. Es un sueño – escribir novelas – hecho realidad, una ilusión forjada ya en los primeros años adolescentes, tiempos de instituto BUP, en los que gané dos premios literarios. En el camino, varios intentos de acabar lo empezado. Mejor dicho: un intento logrado, que no fue más allá y quizás debería releer. Más tarde, dos novelas iniciadas y frustradas al rededor de la página 100. Claramente es mi barrera de superación. Ahora surge la ocasión de dar salida a ese paraíso de escritura, y quizás atreverme con lo que ha sido un placer privado: la poesía, escrita a mano en más de una docena de cuadernos.

Estos cuatro años de trabajo no han sido cuatro años de escritura. La versión definitiva, las dos versiones complementarias que ofrece la novela, con su primera escritura completa, la terminé en octubre de 2020. Por circunstancias, sobre todo postpandémicas, ese documento estuvo flotando hasta que en abril de 2022 tuvo su versión corregida, lista para compartir. En el camino, ofrecí la lectura de la novela a muchas personas, amigas y conocidas, lectores y profesionales, para que opinaran. Hubo un recibimiento positivo, por parte de quién sí la leyó, y un silencio bizarro, por parte de otros. El silencio como respuesta es el nuevo cáncer de las relaciones humanas digitales en el Siglo XXI. Después, el fallecimiento de mis padres me dejó bastante noqueado, deshabilitado para sumergirme en escrituras, muertes y dolor. El 2021, sin embargo, trajo el regalo del amor de mi vida y todo respiró hacia una nueva etapa. Ya en abril de 2022 cerré una versión revisada y en verano de ese año involucré en el proyecto al grandísimo Fernando Figueroa. Tocaba revisar y dejar listo el documento para enviar y presentar a editoriales.
La corrección fue un trabajo aplicado y minucioso que, honestamente, no está pagado. Pero hay que pagarlo, aunque sea un bajo presupuesto. Mi manuscrito superó las 300 correcciones o apuntes, y para el invierno del 2002 hacia el 2023 empezó otra aventura, que ahora veo como un mal paso: los concursos literarios. No me pasé de ego: lo hice animado por Fernando que veía potencial por la mezcla de ciencia-ficción y novela negra del manuscrito. No hubo suerte: no hubo nada. Así que me lancé a otro desafío: la autoedición. Porque tenía claro que mi libro sólo podrá disfrutarse completamente en papel.

Un gran mal menor
Tras mucha consideración, todos los caminos conducían a ser mi propio editor. Quizás no tanto, porque existen numerosas herramientas y ventanas para hacer esta tarea acompañado. En mi caso decidí hacerlo con la Editorial Círculo Rojo, especialista en autoedición, que ofrece mucha libertad, acompañamiento y apoyo en diversos temas como distribución, comunicación y diseño. Esto supone un cierto desembolso, no nos engañemos, según la distribución que elijas, el número de páginas de tu libro, y los servicios adicionales que contrates.
A partir de ahí, es hora de contarle al mundo – cercano y lejano – que has hecho este libro, buscar su interés, y sobre todo su lectura. En estos momentos el libro está disponible en Amazon, en la tienda de la editorial Circulo Rojo y por compra directa (en esta web, via Pay Pal, y por Bizum).
Espero vuestros comentarios y en el caso de las compras directas será un placer dedicaros este debut literario.
