Las 50 películas españolas (favoritas) de Babelia (1975-2025)

Dicen los estrategas del contenido online que las listas funcionan muy bien: nadie escapa a ellas. A veces intentan marcar un canon similar al que creó Harold Bloom para la literatura. En el cine, la madre de todas las listas fue la de John Kobal, con las 100 mejores películas de la Historia del Cine. El relevo en los últimos tiempos lo ha tomado la revista Sight & Sound. Pero este fin de semana ha sido El País, a través de su suplemento cultural Babelia, quién ha lanzado la audacia de listar las 50 mejores películas españolas (de los últimos 50 años). Resultado: un costalazo descomunal. 


En realidad, pueden ustedes pensar que “lo importante es que hablen de ti, aunque sea mal” (Ivy Lee). Algo (de controversia) que ya intuían en la redacción de Cultura – y explicaba el propio Gregorio Belinchón en un vídeo vertical, directo para los móviles -. Porque a pesar de consultar a 50 críticos, salieron más de doscientas candidatas, en los votos del 1 al 10 que efectuaron los consultados. Truenos y centellas. Metodología (estrepitosa) con la que cada año el suplemento hace sus “mejores”, entre todas las disciplinas que contempla Babelia. Despropósito que ha generado que la “mejor” película de todos estos años sea Arrebato, de Iván Zulueta (1979). ¿En serio? ¡Muy en serio!

De inicio, somos muchos los que detestamos categorizar algo bajo el paraguas de «mejor». Los premios de cine, algunos, gustan de alimentar esa competición tan absurda (de lo que ya hablé en Ni premios ni festivales). La crítica sigue sustentando valoraciones con estrellas (¡horror!) y participa cómplice en cribas como las que propone el periódico El País. Listados que suelen hacerse de carrera, tirando de memoria accidentada, y jugando una ruleta que prima la originalidad, la modernidad o el capricho. Para empezar, deberían hacerse públicas las votaciones individuales de cada participante (algo que revela Sight & Sound en sus votaciones). Segundo, debería explicarse el criterio de votación (¿10 puntos la número 1? ¿Un punto a cada una? ¿Suma absoluta de menciones, independientemente de su posición, en las 10 elegidas individualmente? ¿Finalistas entre las posiciones?). Tercero, debería hablarse de «favoritas», «seleccionadas» o «propuestas». Por ejemplo, es mucho más elegante y respetuoso celebrar 50 años de cine en democracia, seleccionando producciones sin ser mejores o peores. Así se evitarían descalabros como esta lista de Babelia, encumbrando una película curiosa, maltrecha, caótica, simbólica como Arrebato (sin duda representativa del cine de los setenta, la explosión de los ochenta, la postmodernidad del cine de culto por excelencia), pero jamás la «mejor» película de los últimos 50 años. Perdón, no debería decir «jamás»…

El batacazo se podía haber evitado aprendiendo de los expertos en la materia, la institución británica BFI y su revista Sight & Sound (hacen una encuesta cada década), o Time Out, que en 2011 encuestaron a críticos y profesionales para escoger las 100 Mejores Películas británicas de todos los tiempos. Encabezó la lista Amenaza en la sombra (1973) de Nicolas Roeg, un psicohorror que repitió honores, en el mismo medio, en 2024. ¿Se trataba de una pataleta de protesta contra el reinado de Orson Welles y su Citizen Kane, durante 50 años? ¡Qué más da! Lo importante no es que una película sea la mejor, la favorita o la sorpresa del momento. Lo que se demuestra es que estas encuestas sólo sirven para agitar las aguas. Algo que se podría solucionar reinventando las listas, seleccionando o redescubriendo, con nombre y firma. Para que el criterio subjetivo y accidental quede claro, huyendo del falso sistema científico de acumular votantes, perfiles eclécticos y bagatelas varias. Esta misma lista de los 50 años sería menos estrepitosa si sólo fuera una selección de películas para ver/entender este medio siglo de Cine Español.

¿Qué nos hemos perdido en estos 50 años?

Alguien me dijo una vez que las listas valen lo que sus ausencias. Si una lista de «mejores», o digamos ya «favoritas», está plagada de ausentes clamorosos, no hay más que hablar: no sirve. Se queda en un juego de mesa camilla entre amigos. Rascando más, desvela la torpeza, la desmemoria, la injusticia y la ignorancia que representan este tipo de jurados (donde no es descartable alguna acción anarca de votar cosas que la desmonten). Podría llamarlo «hacer un Vox». ¿Lo pillan?

Tal vez lo único realmente acertado, por el número de películas incluidas, es que Almodóvar es el cineasta más importante de este período. No el mejor, que es incuantificable, sino que esa importancia es por su influencia, proyección y continuidad. Más allá de que mis dos únicas favoritas de la lista serían Mujeres al borde del ataque de nervios y ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (Me sorprende que se alce a los altares Arrebato y no vaya pareja de Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón).

Algunos descalabros en la lista hablan de amnesia dirigida, incompetencia y benevolencia. El cine más reciente tiene poca presencia, pero Carla Simón tiene dos filmes (Alcarrás en el puesto 8), lo que la plantaría como la directora más importante de las dos últimas décadas; Coixet tiene también dos (una de 1995, otra de 2003). A Pilar Miró no la deben enseñar en las escuelas, porque sólo está con El Crimen de Cuenca (1979) ignorando la hermosa El Pájaro de la Felicidad (1993), incluso El Perro del Hortelano (1996). ¿Modas o modos?

No hay documentales de La 2

Hubo un tiempo en el que todo el mundo hablaba de los documentales de animales de la hora de la siesta en La 2 (RTVE), pero los responsables de la cadena tuvieron que explicar que si fuera así, sus cifras de audiencia serían altísimas… El documental español sigue siendo algo de lo que se habla, pero muy pocos ven. Me explico.

El mayor desastre de lo que bautizaremos la Lista Babelia es el trato que recibe el documental español, tanto experimental como ortodoxo. Se cuela El año del descubrimiento (2020), que nunca me gustó ni en la ética ni en la estética, y se deja fuera lo inconcebible: Guerin y Martín Patino. Uno sospecha que al no estar en plataformas sus mejores películas, los votantes no pudieron refrescar sus neuronas. Porque a mi parecer, lo que podríamos llamar Trilogía de Franco (Canciones para después de una guerra (1971); Queridísimos verdugos (1973) y Caudillo (1974) aunque no entrarían en el corte de 1975, su sombra es tan larga y esencial que informan todo el pensamiento de cine documental de las dos décadas más importantes de la democracia. Pero vale, no califican para «mejores» de los últimos 50 años… ay, ay, ay.

Sucede, sin embargo, que la ambición creativa de Patino, de juego experimental y responsabilidad histórica, están muy dentro – en la antítesis de estilo – de esa otra obra escamoteada, la de José Luis Guerín. Innisfree (1990), y En construcción (2001), Tampoco están en plataformas, se encuentran en dvs descatalogados, bibliotecas, webs piratas, y en colecciones privadas; pero son esenciales en estos 50 años de cine español. ¿Cómo se pudieron olvidar?

Finalmente, otro ilustre del cine real, ignorado en todo el sentido de la palabra. De Joaquim Jordá se incluye De nens (2004) pero se olvidan de tres trabajos esenciales: Numax presenta (1980), El encargo del cazador (1990) y sobre todo Monos como Becky (1999). Algunas de las fieras rebeldes del documental trending topic deberían mirar más hacia Jordá, para reencontrarse con la inspiración…

Y si me apuran, uno de los documentales más taquilleros del momento, que permitió el regreso de estos a las salas de cine, se ha desvanecido de la memoria y la valoración: Asaltar los cielos (José Luis López Linares Javier Rioyo; 1996). ¿No era digno de entrar en los esenciales de los 50 años de democracia o no entra porque no es uno de los mejores chachis de la colección?

Ah, ¿qué me dicen del olvido de El sol del membrillo (Víctor Erice, 1992? Doble premio en Cannes, fenómeno sleeper en la taquilla española, Antonio López… ¿No cualifica para contar los 50 años de democracia? ¿ni mejor ni favorita?

Olvida, que algo queda

Para no seguir ad infinitum, este pequeño incidente de favoritos contra mejores me ha recordado que la esencia del cine es, a menudo, ser olvidado. Más aún en tiempos de visionados en microsegundos, influencers de babero y creadores de contenido publicitario que se llaman filmmakers. Del mismo modo que los grandes premios cinematográficos se caracterizan por haber olvidado a los grandes creadores de su tiempo, estas listas hacen oficio del torpe olvido.

Dice una campaña actual de formación en RTVE que si no te gusta «hazlo tú». No va a ser mi caso, pero no me quiero olvidar de maestros esenciales de los últimos 50 años y obras muy importantes: de Vicente Aranda, me faltan Fanny Pelopaja (1984), Amantes (1991) e Intruso (1993); de Mario Camus, El color de las nubes (1997); de Bigas Luna, Bilbao (1978); de Julio Medem, Vacas (1992); de Agustín Díaz Yanes, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto (1995).

La mejor protesta que se me ocurre es hacer un miniciclo privado de todos estos magníficos y magníficas ausentes. Ese gustazo no lo borra una mala lista…

ILUSTRACIÓN: JAVI AZNÁREZ (El País, Babelia, 10 MAyo 2025)

Publicado por Miguel Angel Rolland

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