La guerra está aquí, y todos saben cómo ha sido. No la tenemos en la puerta de casa, ni sobre nuestras cabezas, pero la violencia y el odio que la alimentan son nuestro jardín. La espiral imperialista de Estados Unidos no es nueva, sino cíclica: lo que cambia es la intensidad. Hablamos de una sociedad, y los gobernantes elegidos por ella, que no han estado en paz desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Corea, Vietnam, Panamá, el Golfo, Irak, van alternando presidentes flojos y presidentes locos. Tienen una ventaja geográfica: todas quedan muy lejos, no sufren bombardeos ni alteración de fronteras, en esos conflictos bélicos, que se ven y comentan como un evento televisivo (antes) y en línea (ahora). Sufren, sí, el horror de las bajas mortales: vástagos de clase obrera en busca de una formación y una ocupación, a veces incluso cierta épica de bolera y masculinidad souflé. Se habla de mecanismos de protección internacional, defensa de nacionales (Venezuela, Irán, siempre Israel), se apropian de causas (narcotráfico, armas nucleares) para defender lo de siempre: el mercado, uno, americano, norteamericano, yanqui. Mientras tanto, Europa se reúne, charla, protesta y al final transige. Porque también está enfangada en el Comercio, no tanto en las vidas y los derechos humanos. Prioridades, intereses, diálogo: cobardía.
Me puse a revisar ficciones y documentales sobre Irán, en Irán, con Irán. Al menos Abbas Kiarostami no sufrirá viendo esta nueva atrocidad (falleció en 2016). Quedan muchos otros, ahora liderados en la sombra por Jafar Panahi (Un simple accidente es tal vez la más kiarostámica de todas). El sufrimiento de este pueblo, la tortura de sus mujeres, sus activistas, se te acumula en el pecho y es fácil confundirse. Al menos, te dices, se han quitado a Jamaneí y su estructura de represión. ¿Llegará algo mejor? No fue así ni en Kuwait, ni en Irak, ni en Afganistán, ni en Siria, ni en ninguna parte. La política internacional de los USA es una fantasía que sólo sucede en sus ficciones: son maestros. El mundo real sólo sufre más, y lo peor que te puede pasar es que te liberen los gringos (green-go!). Acaba de empezar y la pax Trump es ya un arma de destrucción masiva. Seguiremos mirando, seguiremos protestando, seguiremos sin hacer nada.