Cuento de Díabueno

Como tantas otras veces, me quedé observándola a varios pasos, mientras los demás la achuchaban y besuqueaban, y ella emitía sus soniditos, varias veces, en sílabas: “¡eh!” “¡eh!” “¡eh!” Emocionada llegaba incluso a decir “¡bueno!”, con una mueca gamberra y todo el mundo se reía. Entonces, bajaba la cabeza y luego se ofuscaba, tal vezSigue leyendo «Cuento de Díabueno»